LO QUE EL PASADO PUEDE ENSE√ĎARNOS

Me gusta mucho decir que uno tiene que dejar atrás el pasado. Jamás uno se olvida, pero puedes recordar sin dolor cuando esas experiencias las conviertes en algo que da fruto, especialmente si es algo que te causó dolor.

Este fin de semana me enfrenté a dos experiencias muy diferentes de mi pasado. Una muy dolorosa y otra muy agradable.

 

 

Me invitaron a compartir a un congreso de mujeres a la ciudad a donde vivimos por casi toda nuestra vida, a donde servimos al Señor tiempo completo por 20 años, a donde formamos nuestra vida de casados, de padres, de ministros, a donde formamos relaciones con personas significativas hasta el día de hoy. Al llegar a la congregación era un lugar que no conocía. Estaba muy cerca de donde había vivido por años, donde mis hijas vivieron, donde mis hijas murieron, donde pasé los momentos más felices y tristes de mi vida. Comencé a compartir de la vida de mis niñas y mi esposo, los tres ya con Dios y me quebrantó el hecho de que al platicar sus historias era como revivir todo en el lugar a donde había sucedido todo. Ahora ya sin Erick, ahora pensando que si, había enterrado a mis hijitas en aquella ciudad y sí, sé que ahí no están más que sus cuerpos si es que todavía se encuentran en las tumbas. Fueron momentos difíciles y tristes al recordar todo aquello en medio de mis rumbos por años y años y rodeada de muchas personas que lo pasaron conmigo, que conocían mi historia y conocieron a mi pequeña familia.

 

 

Recordar ese pasado no me pesa ni me incomoda, recordar con tristeza la pérdida por supuesto que siempre es doloroso, pero ya no con esa melancolía que duele y desgarra. Simplemente duele, solamente entristece el alma.

Pero después de haber recordado la fidelidad y misericordia de Dios y a pesar de toda la tristeza y dolor El me levanta y puede levantar a infinidad de personas a través de todo esto, eso me trae gozo y paz. Nada fue inadvertido para El. No pasan las cosas sin que a su tiempo den su fruto y al ver que tantas mujeres fueron bendecidas y hechas libres eso me hace pensar que valió la pena pasar por la congoja no por ser una víctima, sino porque se puede ayudar a otros cuando uno ya fue consolado por el Señor y uno puede ver el propósito eterno en lo terrenal.

Después vino otro tipo de recuerdo. Al ver un día después a los que fueron parte de nuestro grupo de jóvenes a los que pastoreamos por casi 10 años y que ni ellos saben cuánto llenaron nuestro corazón como padres. Ver a estos jóvenes salir adelante con sus esposas o esposos, sus hijos e hijas, algunos solteros pero felices, otros batallando con cosas pero ahí, fieles como siempre. Me llenó de tantísimo gozo. Recordar un pasado que nos dejó tantas cosas positivas a un grupo de personas que vivimos tiempos maravillosos en un tiempo en la historia que no se repetirá jamás. Parece que yo me quedé atorada en esa época. Recordar cada vivencia, anécdota y la función que algunos tenían me llena de vida de nuevo. Siempre los veré como mis chavos por que yo seguiré siendo más grande que ellos. Serán mis niños y niñas con quienes vivimos cosas que al voltear y ver lo que pasamos me pregunto ¿Cómo le hicimos? Definitivamente fue la ayuda y provisión y protección del Dios altísimo que nos ama. Ver a estos hombres y mujeres preciosos cada uno en su forma de ser me hace sonreir aún ahora y considerarme muy privilegiada porque tengo un amor desbordante por estos chavos con los que anhelo estar cada vez que se pueda. Son quienes llenaron mi corazón de madre y al verlos una y otra vez es revivir esos tiempos tan importantes en las vidas de tantos que iban creciendo, madurando, encontrándose, casándose, sirviendo a Dios y alguno que otro divagaba pero finalmente bien o mal algo tuvo que ver este tiempo en sus vidas.

 Como mamá siempre habrá algo que uno no hace bien con los hijos. Yo no soy la excepción con mis chavos. Seguramente cometimos chorros de errores por jóvenes, inexpertos y teniendo sobre nosotros la presión de las perdidas de nuestras chiquitas y la constante búsqueda de ayuda para Rebeca. Sin embargo Dios es el único fiel.

 Este fin de semana fue un viaje muy hermoso. Recordé algo muy triste pero que sigue dando fruto. Recordé algo muy bonito que sigue dando también fruto. Del pasado podemos aprender, a no repetir lo que se aprende para mal y a seguir adelante con lo que aprendimos para bien.

El pasado puede ser doloroso, puede aún ser hermoso sin embargo no se puede vivir en él, simplemente recordarlo y sacar lo bueno, recordar lo que vale la pena y disfrutar el presente con lo que el pasado nos enseñó.