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admin
No Culpable
2011.08.11 07:17:10

Era por el año 2008 cuando en las noticias se escuchó la voz de una abuelita frenética reportando que su nieta estaba desaparecida. La madre de la niña, es decir, su hija le acababa de decir que no encontraba a la niña desde hacía un mes y después de mentir durante un mes sobre su paradero, al fin esta abuelita desesperada habló a la policía para reportar a su nieta perdida.


 

Se oían los gritos de desesperación de esta abuela que ansiaba encontrar a su nieta y en medio de los gritos dijo: “El carro de mi hija huele como si un muerto hubiese estado ahí.”  Comenzó la búsqueda. La actitud de la muchacha era desconcertante. Su indiferencia era horrible. ¡Caramba, tu hija desaparece y tu como si nada durante 30 días?! –yo pensaba indignada.

Cientos de voluntarios acudieron al llamado de buscar a esta pequeña de dos años que además, era preciosa. Creo que por que esta familia anglo-sajona recibió la atención que recibió y lo menciono porque es triste para algunos sectores de la sociedad pues yo jamás había visto cómo los medios de comunicación estaban al tanto de esta historia mañana, tarde, noche y moda. Cuantos niños hispanos, afro-americanos u orientales se pierden y no les dan la atención como lo hicieron con esta familia. Pero la historia a penas comenzaba.

Sin entrar en tantos detalles y para no errarle, a la muchacha, la mamá de la niña perdida (llamada Cassey) la metieron a la cárcel.

Al cabo de unos meses encontraron a la niña en un pantano dentro de una bolsa de basura, envuelta en su cobijita y como solamente se encontró el esqueleto no se pudo determinar cómo, ni quién había matado a esta preciosa niña. Tenía tres pedazos de cinta gris en el área de la nariz y la boca y sobre eso una calcomanía de corazón, misma que después de las investigaciones se encontraron calcomanías iguales en el cuarto de la niña, es decir, la única que tenía el acceso era Cassey.

Comenzó la investigación y todo apuntaba a Cassey. Fue la última en ver a su hija, no la reportó perdida en un mes. Mientras tanto se fue de fiesta, se hizo un tatuaje, mintió a sus padres, a la policía, a medio mundo. Se encontraron búsquedas en la computadora de la palabra: “Cloroformo” y también: “Cómo romper el cuello”. Son evidencias circunstanciales pero todo apuntaba y señalaba a que  Cassey era quien había terminado con la vida de su hijita.

Llegó el día del juicio y se presentaron todas las evidencias. Eminencias pasaron por largos interrogatorios de los abogados de un lado y del otro. Expertos científicos que habían dado santo y seña de todas las recopilaciones de todas las evidencias que se tomaron para el caso. Hasta aire enlatado que probaba que en el carro de Cassey había un olor putrefacto, igual al de un cuerpo muerto.

Mientras tanto todos veíamos detenidamente el juicio. Veíamos cómo esta muchacha no movía un pelo. Ninguna expresión salía de ella, ni para bien ni para mal. Las lágrimas se le derramaban únicamente cuando se hablaba de ella. Mostraba ser narcisista, egoísta, psicópata. Solamente estaba actuando como en un teatro durante el juicio con una cara inexpresiva, sin perder la compostura, sin estar jamás de luto por su bebita que ahora era solo un esqueleto. Era triste ver a los abuelitos deshacerse en llanto cuando los interrogaban. Fue por demás interesante pero todos sabíamos una cosa: Cassey era culpable. No teníamos la menor duda. La gente lo sabía. Se invirtieron cientos de horas cubriendo el juicio. En cada canal de televisión se mencionaba el caso y era como ver una película. De pronto se cachaban las mentiras, salieron las contradicciones. De momento los abogados se peleaban entre si. Y así nos tuvieron por 40 días. Lo que la defensa alegaba en un principio jamás salió a la luz, jamás fue probado. Se llegó a los  últimos argumentos y durante el cierre del juicio era la palabra de uno contra la del otro. Todos sabíamos qué venía. El juez entregó la decisión a 12 personas que se encerrarían a deliberar el futuro de esta joven de tan solo 23 años que enfrentaba la pena de muerte si se le encontraba culpable. Todos sabíamos que eso mismo sucedería. Todos estábamos expectantes. Todos estábamos frente al televisor esperando a que se dijera que se había llegado a un veredicto.

Y el día llegó. Cassey salió con sus abogados y se veía, por primera vez en todo el juicio, muy nerviosa. Se mordía las uñas, se mordía los dedos. Estaba inquieta. Casi se podía sentir que el corazón se le salía de nervios. Una y otra vez se llevaba las manos a la boca y trataba de calmarse pero no podía. Después que el juez leyó las conclusiones y el veredicto del jurado, entregó las hojas a la persona correspondiente y para sorpresa de TODOS el veredicto fue: NO CULPABLE.

Conté toda esta historia porque lo más impresionante de todo fue la cara de Cassey. Ella misma no se lo esperaba. No sabía si había escuchado bien o no, pero en segundos se vio el efecto de esta declaración: NO CULPABLE. Se puso a llorar y ahora si sinceramente. Eso no era fingido, eso fue real. Se podía percibir el alivio que sintió. El peso que se le quitó de los hombros aunque con una cara de sorpresa, de que no lo podía creer. Comenzó a abrazar a sus abogados y cada vez que abrazaba a alguno ella lloraba más y se podía ver perfectamente que les daba las gracias una y otra vez. La sonrisa que jamás vimos en el juicio ahora se dejaba ver entre lágrimas, entre incredulidad, entre todo.

 No soy nadie para juzgar a esta mujer. En mi opinión no hay otra explicación mas que ella fue culpable de lo que le pasó a esta pequeña. No tengo que saber cómo lo hizo ni por qué.. Pero una mujer que no reporta que su hijita está desaparecida en 30 días no puedo comprenderlo. Pero no escribí todo esto por ella. Lo escribo por lo que hizo Cristo por nosotros.

Nosotros éramos culpables de nuestros pecados. Éramos dignos de la pena de muerte. Nos merecíamos estar encerrados y en esclavitud. Nos merecíamos el castigo. Nos merecíamos la condena y hasta la pena de muerte. Nuestros pecados, iniquidades y transgresiones eran suficientes como para que nos declararan el veredicto fuerte y claro: CULPABLE!! Sin embargo, y sabiendo que le hemos fallado al Señor, escuchamos las palabras: NO CULPABLE. Wow.. Qué grueso!!!

 El nos declara no culpables y le parezca a quien le parezca, delante de los ojos de Dios somos no culpables porque uno llevó nuestro castigo, uno que no hizo NADA mas que ponerse en nuestro lugar.

 Sabemos que no somos inocentes de las cosas que hacemos. En el caso antes mencionado no es que la declararon inocente, sino no culpable de los cargos que se le imputaron. Nosotros sabemos que delante de Dios hemos pecado y todos estamos destituidos de Su Gloria. Pero a causa de los mismos méritos de Cristo, a causa de lo que El hizo en la cruz. A causa de su gran amor por nosotros fue en esa cruz que El pagó nuestra condena merecida. Y por ello nosotros hoy, al ser limpios con Su preciosa sangre nos encontramos en ese lugar de juicio, en donde Dios nos declara: No Culpables. Porque alguien ya pagó. Pagó el precio que nosotros deberíamos pagar.

Qué alivio! Qué bendición. Qué descanso. No podemos entonces vivir nuestra vida como si nada. A causa de esto nuestra fe debe ser demostrada. No somos salvos por obras, pero al ser salvados de la condena máxima, lo mostramos a través del fruto que da esta preciosa salvación. Así que no dejamos de hacer el bien. No nos cansamos de tratar de estar en paz con todos. Perdonamos a los que nos ofenden : )  Tratamos de vivir una vida como la que Dios quiere, bajo su guianza y sus lineamientos, sobretodo siguiendo Su ejemplo. No por eso nos ganamos la salvación, sino que por ser salvos entonces tenemos que ser diferentes, no podemos seguir por la vida actuando de la misma forma, tiene que haber un cambio, tiene que verse a todas luces, tenemos que ser de a de veras, gente que realmente vive sabiendo que fuiste culpable pero el gran juez te declaró: No Culpable por la sangre de Cristo. Wow. Qué regalo inmerecido pero que jamás demos por hecho.

Hoy la gente está muy enojada con Cassey. La verdad temo por ella, vivimos en una sociedad de gente que a veces no se detiene y quiere hacer justicia por sus propias manos. Ojala no pase le nada. Ojala aprendamos a respetar la decisión de este jurado que aunque todos pensamos que no se hizo justicia, se cumplió con la justicia que el hombre estableció y ni hablar, nos tenemos que someter a las leyes y seguir adelante con nuestra vida, no buscando una venganza, sino viviendo una vida digna nosotros mismos y proteger al inocente, al que no se puede defender.  Pero no olvidemos que la ley de Dios es mayor que la del hombre y la ley que se resumió en Cristo fue el amor. En Su amor somos salvos, somos libres y podemos amar a los demás no porque lo merezcan, simplemente porque El nos amó a nosotros tal cual éramos. Que no se nos olvide jamás que éramos culpables, dignos de muerte, vivamos como gente perdonada y agradecida siempre de que fuimos librados por la misericordia y el amor de un Dios que nos ama tanto. Que Su sangre no sea desperdiciada.


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Tags: Culpable | Inocente | Juicio | Sangre


 

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